VÍCTOR BARRIOS ROJAS – COMPUESTOS

ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI

Maitei horyvéva opavavépe

David Galeano Olivera

 

VÍCTOR BARRIOS ROJAS

MOTIVOS POPULARES TRADICIONALES DEL PARAGUAY

“COMPUESTOS” – VOL. 1

Leer original (hacer clic) en: http://cafehistoria.ning.com/profiles/blogs/v-ctor-barrios-rojas-co…

Leer también en: https://dgaleanolivera.wordpress.com/victor-barrios-rojas-compuestos/

 


A MODO DE PRESENTACIÓN

“Señore noble oyente, atención-mi ajerure
tamombe’umi peême Puente’ipe oikova’ekue…”
          Así inicia el poeta un “compuesto” donde relata, en verso y música, la tragedia de Antonio Arias. Y en este CD canta precisamente el COMPUESTO DE ANTONIO ARIAS el conjunto «Los Compuesteros de Carapeguá», que dirige José Calazán.
Víctor Barrios Rojas
Quisiera apropiarme de tan cortés como respetuosa petición del poeta campesino, para poner a consideración de ustedes este modesto material, que contiene algunas composiciones del “cancionero popular campesino”, hoy relegado al olvido; y todavía se escuchan en apartados rincones del país, donde los campesinos cantan aún con fruición, guaripola de por medio, sin preocuparse de la mentada globalización cultural.
El mismo grupo grabó otros “compuestos” y algunas que otras muestras del cancionero tradicional, como el ANGELITO PURAHEI (Canto para el Angelito), JEJUVYKUE JERA o JORA, entre otros temas. Luis González Alén y Arturo Allegretti grabaron, en guitarra, dos composiciones de la Revolución de 1922 (las polcas SACO PUKU y SACO MBYKY), y el motivo popular JAGUA ÑETU’Õ, transcripta para guitarra por González Alén.
Trece (13) obras completan el CD de MOTIVOS POPULARES TRADICIONALES DEL PARAGUAY. ¿Por qué recurrí a estos artistas carapegüeños para estos cantos populares? Los COMPUESTEROS DE CARAPEGUA es uno de los escasos grupos que cultiva estas canciones, así como hicieron en el pasado otros cantores populares. Los COMPUESTEROS las aprendieron de sus “maestros”, quienes a su vez escucharon a otros más ancianos, todos ya fallecidos hoy. Es decir, la transmisión fue directa, oral. Estos juglares sencillamente cantaban lo que escuchaban en noches de musiqueadas, fiestas patronales, casamientos koygua, o en velorios de angelitos. Era una regla fija.
Los COMPUESTEROS DE CARAPEGUA han respetado la pureza de estos cantos populares, ciñéndose a sus predecesores por generaciones, incluidos los errores ortográficos y de concordancia. Como muestra mencionemos este ANGELITO PURAHEI (o Canto de Angelito, o Angelito yvotykue jera) y JEJUVYKUE JERA o JORA, cuyos orígenes se pierden en el pasado. En cambio, el “compuesto” PANCHA GARMENDIA se relaciona con el doloroso sacrificio y muerte de PANCHA durante la Guerra Guasu (S. XIX). De estos cantos existen varias versiones y las que figuran aquí son composiciones registradas de labios de los cantores populares antes de su desaparición definitiva.
La publicación de este material ha sido posible mediante el apoyo del Fondo Nacional de la Cultura y las Artes (FONDEC) y el Ateneo de la Lengua y Cultura Guaraní. Cuenta también con el auspicio de la Dirección General de Investigación y Apoyo Cultural del Viceministerio de Cultura (MEC) y Radio Nacional del Paraguay. Mi gratitud para estas instituciones.
Me despido con otro verso de autor anónimo y que se incluye en este CD: «…si llegare a equivocarme por ser poca mi experiencia, Señore tengan la paciencia y sabrá disimularme. .. »
VÍCTOR BARRIOS ROJAS – Recopilador
MOTIVOS POPULARES TRADICIONALES DEL PARAGUAY: EDUCAN NUESTRO SENTIMIENTO DESDE LA RAÍZ
               Marcelino Menéndez Pelayo rescató el dicho de Campany: “No puede amar a su nación quien no ama a su provincia, tomando por supuesto esta palabra “provincia”, no en su aceptación administrativa, sino en la étnica y tradicional». Esta aseveración puede ser asimilada, como si fuese formulada para la presente recopilación de Víctor Barrios Rojas. En los 13 temas que integran «Los motivos populares tradicionales” están conservadas la música y la poesía tal como fueron memorizadas por los informantes, a quienes en diferentes lugares del área rural fue entrevistando nuestro investigador, con sacrificio y perseverancia. Relato, compuesto, canto, loa, jejuvykue jera o purahéi; cada obra es una historia, cada historia remite a un suceso (oikova’ekue), cada suceso se conservó en la memoria del músico chokokue que interviene en el ñembo’e y en el jerokyhápe.
Entonces no había radio, televisión, cine ni video. Los habitantes en las comunidades rurales no recibían los periódicos. La Guerra contra la Triple Alianza recién había terminado (1865-1870). Resucitaba la nación de entre las ruinas. La vida transcurría bajo el signo de la violencia. El estampido del arma de fuego y el relámpago del puñal incrementaba su cosecha fatal. La risa constantemente se trocaba en gritos de dolor. La superstición usurpaba la virtud de la creencia. La instrucción era escasa, casi nula. La educación se adquiría en el hogar y en la dura intemperie de la naturaleza. Predominaba el tuguy raku, ñamoñe’êna yvapara. Cuando el lenguaje del amor estremecía a los seres se exclamaba: javy’aite oñondive, jahechakuaa oñopehêngueha! Tomamos conciencia de que nuestros antepasados, además de la libertad, practicaban la reciprocidad, porque se sentían iguales en dignidad. Después vinieron los extranjeros pytagua a promover la discordia ha ñanemoingovaipa.
La cultura campesina es esa fusión de dos idiomas, de dos creencias, de dos sangres, donde el pueblo aprende más del arandu ka’aty porque umi ñande’ŷva imbarete ha ipokarẽ eterei. La tradición se fue forjando en el espacio como una manifestación del alma colectiva. Y se conserva en la imaginación popular, como una herencia de las generaciones que nos precedieron y soñaron que nosotros seríamos dignos continuadores de sus recuerdos y sus utopías.
“LOS MOTIVOS POPULARES TRADICIONALES” tienen ese valor, tienen esa fundamental significación: educa nuestro sentimiento, desde la raíz, conecta a nuestro presente el pasado y nos señala el rumbo del porvenir.
Víctor Barrios Rojas, durante muchos años, dedicó sus días de descanso al rescate de «los motivos populares tradicionales». Los fue desenterrando uno a uno «grabadora en mano» del karameĝua de la memoria de los ancianos poetas, músicos, a veces ñembo’e ýva, o maestro de escuela. Eran personas ya cargadas de años que, más que sueños, habitaban su alma hermosas y musicales nubes de recuerdos…
Llegaba Víctor Barrios en el día y la hora señalada para el encuentro, comenzaba la entrevista… Jahecháta chemandu’avépa era el pretexto para iniciar la confidencia. Después, una pequeña pausa, acumulaba fuerza para retomar el hilo del relato. Recordaba. Uperõ chekaria’ypyahueteva’ekue. Heta mba’éguima cheresaraipa… Ha che irũ rapykuéri oreko’êmbava’erâ. musiqueáda-pe. Upéi rojeheja, ajuva’ekue amenda, che ra’yheta… Aréma nda puraheivei. Ko’áĝa chetujáma.
LOS MOTIVOS POPULARES TRADICIONALES son las historias que fueron conservadas en las canciones y en las celebraciones familiares y comunitarias. Y hay que decir aquellas historias que no llegaron a enterrar el olvido, aquellas que no fueron sepultadas en la ceniza del tesarái.
En las comunidades rurales, después de la Guerra Guasu volvió a reinar la orfandad. Los habitantes sobrevivientes resurgían entre privaciones y firme nobleza y dignidad. Forjaban sus vidas en la dura lucha contra las adversidades, atenuadas por fugaces brisas de paz.
La cultura paraguaya más profunda hunde sus raíces en los motivos populares tradicionales: se conservó durante mucho tiempo en la oralidad. Especialmente desde 1870 hasta la primera mitad del siglo XX. Por eso tiene una importancia extraordinaria esta investigación de Víctor Barrios Rojas. Tiene el rigor de la honradez intelectual y el noble ideal de enriquecer la expresión artística nacional.
Víctor Barrios Rojas, durante mucho tiempo se enfrentó a la insensibilidad para difundir su investigación. Por eso resulta auspiciosa esta grabación y esta publicación. Así se garantiza la preservación del patrimonio cultural tangible e intangible. Igualmente, la protección del derecho intelectual.
En 1989, en la 25° Conferencia General de la Unesco, se recomendó a los “Estados miembros que adopten las disposiciones y medidas legislativas necesarias para hacer efectiva la protección del patrimonio cultural popular y tradicional”.
A partir de hoy, entre otros rescates, nuestro país ya no estará ausente de este esfuerzo, con el testimonio de motivos populares tradicionales, que con tanta convicción y perseverancia recopiló Víctor Barrios Rojas.
RUDI TORGA- Enero 25 – 2002

CELEBRACIÓN ARMÓNICA
             El rescate del patrimonio cultural en nuestro país es una de las tareas que requiere una urgente atención. Al no existir organismo público -llámese Instituto Nacional de Musicología, Archivo Nacional de Música, Centro de Documentación Musical, etc.- esta labor ha quedado librada a la iniciativa personal de músicos y recolectores casuales, en la mayoría de los casos practicados de manera empírica y no sistemática. Es suficiente contemplar los perfiles de nuestra historia para asombrarnos de la desidia y la falta de interés de las autoridades del sector cultural y de los propios creadores musicales en preservar la memoria histórica. A modo de ejemplo, no sabemos con certeza quién es el autor del Himno Nacional del Paraguay, porque ninguna institución se ha ocupado -en su tiempo- de resguardar la partitura original o al menos realizar una edición de la mis-ma, habiendo sido posible su reconstrucción a partir de recuerdos de los sobrevivientes de la guerra grande.
           Los valiosos manuscritos que nos hablan de las maravillas musicales y del talento indígena en el tiempo de las Reducciones Jesuíticas fue ron halladas en Bolivia, ya que en esta región prácticamente todo desapareció. En los archivos nacionales y eclesiásticos no hallamos ni una sola página de música desde los tiempos de la colonia hasta entrado el siglo XX. Por fortuna, ha permanecido por siglos la práctica de la transmisión oral, que ha permitido el paso, de una generación a otra, de los rasgos culturales más profundos que hacen a los códigos culturales del habitante de estas regiones.
Las primeras señales de preocupación por rescatar y difundir ese rico patrimonio, lo encontramos en la figura legendaria de LUIS CAVEDAGNI (1858-1916) quien publicó en 1874 una recopilación de música y danza bajo el nombre de: ÁLBUM DE LOS TOQUES MÁS POPULARES DEL PARAGUAY, material presentado en la Exposición Universal de París. Tras largas décadas de silencio aparece la figura de ARISTÓBULO (NONÓN) DOMÍNGUEZ (1896-1930), organizador de festivales con música de tierra adentro, promotor de las expresiones campesinas y editor de valiosas colecciones con música típica en la década de 1920, bajo el nombre de Aires Nacionales. Más adelante, JUAN MAX BOETTNER (1899-1958) inicia el primer trabajo musicológico con rasgos científicos a través de sus investigaciones sobre la música indígena, las danzas tradicionales y la música popular en general, estableciendo patrones de identificación, cuadros estadísticos y estudiando los orígenes de nuestras expresiones musicales, desde la creación anónima hasta las expresiones contemporáneas. Su libro: MÚSICA Y MÚSICOS DEL PARAGUAY, publicado en 1957, se constituyó en el punto de referencia para estudios posteriores, en el país y en el exterior. Se suman luego aportes de JULIÁN REJALA (1907-1981), sobre todo en el campo de la danza, el de MAURICIO CARDOZO OCAMPO (1907-1982), autor de numerosos artículos, libros sobre el folklore y grabaciones orientadas a la documentación de las más antiguas expresiones de la música en el Paraguay. Más recientemente, nos hallamos ante nuevos aportes como el de JOSÉ A. PERASSO (1956-1994) y GUILLERMO (MITO) SEQUERA, concentrados en la recolección de mitos, canciones, instrumentos y expresiones de las culturas indígenas.
El presente trabajo de VÍCTOR BARRIOS ROJAS, en su carácter de recopilador de compuestos y otras manifestaciones del folklore nativo, se presenta como un valioso aporte, que reúne en un solo volumen lo referente a compuestos, más aún debido a la variedad de los temas seleccionados y sobre todo al posibilitar el acceso a una buena cantidad de compuestos desconocidos para el gran público.
Aparte de “PANCHA GARMENDIA”, con el doloroso poema de ROSICRAN (NARCISO R. COLMÁN), popularizado por el dúo GIMÉNEZ-PUCHETA a través de sus grabaciones de finales de la década del 20, sorprenderán al oyente compuestos de profunda emoción como “GODOI FUSILAMIENTO”, autoría de CABALLERO-Í (JUAN MANUEL CABALLERO) oriundo de Mbajué (Limpio), que relata la muerte violenta de varios militares en Concepción a manos del Teniente Godoi, en la segunda década del siglo XX, “BELLA GODOY” y otros. La colección se complementa con notables piezas instrumentales y relatos en forma poética como “ODA A LOS RECIÉN CASADOS”, “JEJUVYKUE JERA”, “ANGELITO PURAHEI”, “ROSITA” y tantos más.
Víctor Barrios Rojas recorrió durante años apartadas compañías de Carapeguá, Yvycui, Quiindy, Luque, Limpio, Itauguá y otros sitios, conversando con los protagonistas y registrando en su grabadora, para la posteridad, los recuerdos de ancianos intérpretes y nómadas músicos, concertando una auténtica “celebración armónica” con los protagonistas y logrando salvar de su desaparición gran parte de estas auténticas expresiones de nuestra cultura.
LUIS SZARÁN

 

-PANCHA GARMENDIA: PANCHA%20GARMENDIA.amr

-JEJUVYKUE JERA: JEJUVYKUE%20JERA.amr

 

 

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