MÁS PARAGUAYO QUE LA MANDIOCA – 8ª EDICIÓN

MÁS PARAGUAYO QUE LA MANDIOCA – 8ª EDICIÓN

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PRÓLOGO (ÑE’ÊNONDEGUA)

Por: David Galeano Olivera

 

         Al iniciar el prólogo (ñe’ênondegua) de la octava edición del libro “Más paraguayo que la mandioca” del Prof.Dr. Aníbal Romero Sanabria; primeramente deseo expresar al autor de esta valiosa obra mi gratitud por honrarme como prologuista, y por otra parte, me permito expresarle mi reconocimiento por este libro que es como el espejo en el cual podemos vernos tal cual como somos los paraguayos, sin perder de vista que en su otra publicación “Ya da ya” el Dr. Romero Sanabria nos incita a una casi temeraria reingeniería del paraguayito.

 

 

Los títulos que el Dr. Anibal Romero Sanabria desarrolla -con envidiable y extraordinario ojo clínico- en esta monumental obra “Más paraguayo que la mandioca” son los siguientes “Maldita resignación”, “Apete, aquí cerquita nomás”, “A lo Luque a lo Luque”, “Estoy levantando la muralla”, “Poner de moda la moral”, “El país del ¡Sí, señor!”, “La globalización y los pecados capitales del paraguayo”, “¡Te dije luego!”, “Condecoración al Comisario de Valle Lorito”, “El dedo del medio”, “La Ley del Menor Esfuerzo”, “Pa’íma he’í”, “País de timberos”, “El paraguayo… el mejor amigo del árbol”, “El hombre escombro”, “Ay, che Dio”, “Partido so’o”, “Un país de muchos doctores y pocos señores”, “López tiémpope guaré”, “Si el pueblo te pide pan, dale cachaca, dale cachaca”, “Patria sin padres”, “Entre la computadora y el výrorei”, “Dios se lo pague”, “Quedate allí, te digo. Epyta upépe o un Paraguay sin paraguayos”, “Ko’êramo (Si amanece)”, “Entre el telemarketing, el fax y el paraguayo” y “La yernocracia”; y prosigue con “La pelóta tata, una negra herencia”, “El výrorei”, “Qué lindo está tu pesebre”, “El futuro y el paraguayo”, “La cerveza, moneda nacional”, “Juntemos nuestros sueños”, “El paraguayo es más astuto que el zorro”, “150 dólares de pokarê”, “¿El terere es cosa de haraganes?”, “Chicharô trenzado”, “Usted no sabe con quién está hablando”, “Aichejáranga o la autoestima del paraguayo”, “El paraguayo light”, “¡Cháke! ¡Cháke!”, “El cuate”, “El poguasu y su responsabilidad”, “Amóntema”, “El mboriahu ryguatâ”, “El pyragüe”, “Tape po’i”, “Añambaraka”, “El Tupâ henói o una limosna por amor de Dios”, “Arandu ka’aty”, “Iñakâ porâ ko tipo”, “Asunción es solo la capital del Paraguay”, “Me voy y vengo – Aháta aju”, “Sos paragua”, “De líderes, maestros y futuro”, “El Pato Donald ya no corre ni vuela” y “Sufriendo la honestidad”; para concluir con los siguientes títulos “La maquila y el pokarê”, “Entre el cháke y el chúmbale”, “Te conozco, mascarita”, “El dengue y la corrupción”, “Yo, sembrador”, “El paraguayo no se vende”, “Agosto poty”, “El sueño de la vaquita propia”, “¿Buscás piko kerosene?”, “El dictador herrumbrado”, “Honrar la vida”, “Entre la democracia y la desesperanza”, “Las virtudes o fortalezas sobresalientes del paraguayo de ley”, “Farmacia kue”, “La tierra sin mal”, “Del turu ñe’ê al celular”, “Che po remói o la buena suerte” y “Jagua ry’ái”. En síntesis, en “Más paraguayo que la mandioca” el Dr. Romero Sanabria ”desnuda” al paraguayo, o mejor, al paraguayito, y lo muestra tal cual es.

 

Dr Anibal Romero Sanabria

 

¿Más paraguayo que la mandioca?

Cabe preguntarse, ¿Existe algo más paraguayo que la mandioca?. Al respecto podemos manifestar que la mandioca es un insumo noble y fiel en la vida del paraguayo. Ella es prácticamente un miembro más de la familia. Es parte del paisaje campesino paraguayo. Fue y es el primer alimento abundante y de fácil cultivo alrededor del rancho paraguayo. La mandioca es lo único que nunca falta en la mesa e incluso se convierte en el principal alimento-sustento del paraguayo cuando todo lo demás ya no está disponible. Es de origen precolombino (por más que algunos duden de su origen americano). Por más que exista en otros países de América nunca fue tan importante como lo es en el Paraguay. Forma parte de la alimentación básica del paraguayo e inclusive de sus animales: vacas, caballos, cerdos, gallinas, etc (más allá de que existan variedades venenosas). Es inadmisible, impensable, un plato de comida paraguaya sin mandioca y obviamente el pan ni remotamente sustituye a la mandioca. La comida parece que no es comida o bien parece que tiene otro gusto sin la mandioca. El paraguayo hasta siente añoranza de la mandioca cuando está fuera del país o cuando no tiene mandioca para acompañar a cualquier comida. Por consiguiente, hay un profundo, indisoluble y vital vínculo entre la mandioca y el paraguayo y, entonces, es justo decir que nada hay más paraguayo que la mandioca.

 

Diversidad e identidad cultural

Por otro lado, hablar del ser humano es hablar básicamente de sociedad, cultura, tiempo y espacio, y por consiguiente, el ser humano implica diversidad. Precisamente, la Antropología Cultural nos demuestra que no somos iguales y que en muchos casos apenas nos parecemos. Es así que un paraguayo se diferencia de un argentino, un brasileño, un norteamericano, un alemán o un japónes por el idioma que habla, por las costumbres, creencias, usos y tradiciones que aprende, posee, practica, difunde y hereda; y por el espacio y el tiempo en el cual vive. Definitivamente, más nos parecemos en las pequeñas asociaciones (núcleo familiar) y nos parecemos menos, mucho menos, en la asociaciones más generales o globalizadas. Obviamente esto deja al descubierto que la globalización es apenas un pretexto, una cuestión de marketing, donde algunas poderosas transnacionales “hacen su golpe” procurando hacernos creer que todo apunta indefectiblemente a una fantasiosa “supra-cultura”. Por tanto, es muy difícil que Mc Donald’s y Coca Cola puedan ser más que el Guarani, la mandioca y el terere, o que un guiso carretero correntino o que una feijoada brasileña. En el fondo, a todos nos gusta y nos sentimos muy orgullosos de “lo nuestro”, de nuestra gente, de nuestro valle y de nuestra patria. En serio, para mi es imposible imaginarme a un paraguayo sin Guarani, mandioca y terere, es más, sin Guarani, mandioca y terere ese individuo deja de ser paraguayo y se convierte en cualquier cosa. Lo señalado no es una mera expresión chauvinista ni la manifestación del nacionalismo a ultranza, es simplemente una cuestión lógica e innata a la condición humana.

 

Así como nosotros los paraguayos, también los argentinos, los brasileños, los norteamericanos, los alemanes y los japoneses tienen su manera de ser. Al igual que nosotros también ellos se consideran especiales y -por supuesto- más y mejores que el resto del mundo. Es más, pese a los procesos de integración regional como por ejemplo la Unión Europea o el Mercosur, cada Estado miembro de dichos sigue haciendo lo imposible por potenciar su identidad cultural o idiosincrasia (idiomas, artesanías, comidas típicas, fiestas populares, etc), exponiéndola y “vendiéndola” a través de paquetes turísticos y por los medios tecnológicos de difusión como internet inclusive. Por consiguiente, al hablar de la idiosincrasia o de la identidad cultural hablamos de las particularidades sociales y culturales que definen una manera de ser recurrente, cotidiana y característica de los miembros de una sociedad específica; y por ende, la identidad cultural es algo “normal” en cualquier sociedad humana.

 

¿Pero, es el paraguayo tan especial o tan diferente como se dice?

Si, el paraguayito es nomás luego muy diferente a los demás. Oreko la orekóva (tiene lo que tiene) y estoy seguro que esa diferencia proviene de su condición de bilingüe (Guarani-Castellano). Les habrá llamado la atención que al lado de prólogo haya escrito su equivalente Guarani ñe’ênondegua, y es porque quiero partir de ese punto para entender al paraguayito, de cuyo estudio serio y responsable, y que es reciente, se han encargado importantes intelectuales compatriotas de la talla del propio Dr. Aníbal Romero Sanabria, el sacerdote Saro Vera, el Dr. Miguel Angel Pangrazio y el Dr. Helio Vera, quien incluso acuñó el término paraguayología aludiendo a un campo especial del conocimiento para el estudio del modus vivendi del paraguayo, diferente y distinto al estudio de cualquier otro individuo de cualquier otra nacionalidad.

 

No es lo mismo la manera de ser de un individuo monolingüe (hablante de un solo idioma) que la manera de ser de una persona bilingüe (que habla cotidiana, espontánea e indistintamente dos idiomas más aún cuando se tratan de idiomas con estructura y funcionamiento muy diferentes). Esta última situación se da en muy pocos países del mundo y uno de esos casos emblemáticos es el paraguayo, donde hablamos el Guarani y el Castellano, en ese orden; ya que las estadísticas dicen que el 87% de la población paraguaya habla y entiende el Guarani, que un 40% es monolingüe Guarani y que apenas un 7% dice hablar el castellano. Demás está decir que la lengua materna mayoritaria del Paraguay es el Guarani. Esto es lo que sustenta la singularísima manera de ser del paraguayo quien nace, crece, se reproduce y muere con dos cosmovisiones y, por consiguiente, viendo el todo desde desde dos perspectivas diferentes pero coincidentes en una misma persona. Fuera de este contexto, podemos afirmar que nada hay de extraordinario en la manera de ser de las personas que viven en sociedades monolingües, donde todos en gran medida tienen una estructura mental, social y cultural parecida y con una única percepción del todo.

 

El Guarani y el Castellano son idiomas muy distintos y a la vez transmisores de dos sistemas culturales, de dos maneras de ser diametralmente opuestas pero que extrañamente consiguen “convivir” en la persona del paraguayo, lo que equivale a decir -hablando mal y pronto- que hay dos personas, dos identidades, dos mundos, en un solo cuerpo; y que por eso -por ejemplo- el paraguayo es capaz -en un sýky– de decir “péva oî tuichaite ýre” a una persona y -en centésimas de un segundo- girar y decir a otra persona “te llamo mañana a la tarde”. Para cualquiera de nosotros -paraguayos- eso es común y no implica ningún esfuerzo especial.

 

El paraguayo y sus lenguas. La óptica de la lingüística

     Lingüísticamente hablando, para alternar ambas lenguas se requiere de un enorme esfuerzo que al paraguayito le resulta tan simple como tomar un sorbo de terere o comer mandi’o chyryry. Para apreciar mejor la dificultad señalada basta mencionar, por ejemplo, que en el castellano existen preposiciones (voy a casa) y que en el Guarani hay posposiciones (aha ógape. Traducido: “voy casa a”); o bien, que en la conjugación castellana los verbos agregan sufijos (camino, caminas, camina), en tanto que, en la conjugación Guarani los verbos anteponen prefijos (aguata, reguata, oguata). Este último es un fenómeno muy importante si consideramos que los niños -desde que nacen y por cinco años de su vida hasta entrar a la escuela- estructuran la mente en Guarani y la escuela, sin éxito hasta hoy, pretende que la criatura cambie radicalmente al código lingüístico y como por obra y gracia del Espíritu Santo aprenda el castellano en uno o dos días. Cosa de locos y obviamente imposible aquí y en cualquier otro país bilingüe. Por otra parte, cabe destacar que los adjetivos calificativos del castellano expresan género y número (señor alto, señora alta, señores altos, señoras altas), en tanto que dichos adjetivos en Guarani no indican género ni número, es decir, tienen una única forma de uso (karai yvate, kuñakarai yvate, karaikuéra yvate, kuñakaraikuéra yvate. Exagerando, en Guarani no existe yvate, yvata, yvates, yvatas). Por otra parte, en castellano lo poseído precede al poseedor (el hijo de Carlos, la hija de Carlos, la casa de Carlos, el patio de Carlos), en cambio en Guarani primero está el poseedor y luego lo poseído (Kalo ra’y, Kalo rajy, Kalo róga, Kalo korapy).

 

Lo expuesto y otros numerosos ejemplos que me reservo, nos ayudan a “darnos cuenta” de la diametral diferencia que existe entre el Guarani y el Castellano y que no es tan fácil como parece hablar de manera espontánea el Guarani y el Castellano; y también demuestra porqué es tan necesaria e impostergable la aplicación de la educación bilingüe partiendo de la enseñanza en la lengua materna; lo que de ninguna manera significa que nosotros solamente deseamos que las personas aprendan únicamente el Guarani; muy por el contrario, implica sí que nosotros deseamos la formación de personas bilingües (Guarani – Castellano) y que de ser posible también aprendan otros idiomas y que a través de ellos cualquiera pueda acceder a todos los conocimientos posibles, a la ciencia y a la tecnología. De hecho, el saber no ocupa lugar, y por otra parte, la persona que sabe es libre y cuanto más sabe más libre es.

 

La situación expuesta (escuelas con clases, libros y exámenes en castellano para una mayoría de estudiantes Guarani-hablantes) solamente benefició a los hispano-hablantes privilegiados de nuestro país, que coincidentemente siempre detentaron el poder; y por el otro lado, perjudicó, en mayoría, a los Guarani-hablantes que entraron a la escuela y pronto la abandonaron por no entender las clases. Lo señalado quedó plasmado en un ñe’ènga muy conocido que dice “oike mbo’ehaópe ha mbo’ehao ndoikéi chupe” (entró a la escuela pero la escuela no le entró). Esta situación sirvió única y exclusivamente para mantener en la condición de analfabetos o semi-analfabetos a un alto porcentaje, casi un 40% de la población paraguaya, que tienen en común el Guarani, la ignorancia, la pobreza y la miseria; y que explica por sí porqué el paraguayo quedó detenido en el tiempo, con una cultura sencilla, rústica, en Guarani y con manchones de Castellano, sin tradición literaria, reducido a la oralidad y con escaso acceso a la ciencia y a la tecnología; aclarando que la culpa no es del Guarani sino del Estado o El Sistema que nunca encaró la enseñanza inicial en la lengua materna mayoritaria del país, el Guarani. Entiéndase bien que el problema de la mayoría de los paraguayos nunca fue el Guarani, el problema siempre fue el castellano.

 

A ello debe sumarse que en un intento imperialista de aniquilación de la identidad paraguaya y por consiguiente del paraguayo, por muchos años y hasta hace poco se prohibió el uso del Guarani, lo que se materializó con todo tipo de medidas coercitivas que fueron desde las agresiones verbales a los castigos físicos. En varios momentos de nuestra historia se llegó a renegar del Guarani en Guarani cuando por ejemplo las madres o los padres llegaban a la escuela y pedían, en Guarani, a la profesora o al profesor que no enseñen a su hijo o a su hija en Guarani “aníke rembo’e chupe Guaraníme, embo’éke chupe castellano-pe”, decían y aún lo siguen diciendo algunos.

 

Pero qué pasa cuando el Guarani y el castellano se mezclan en el clásico jehe’a (mal llamado jopara)? Pues ocurre algo extraordinario y sorprendente: nos seguimos entendiendo. Cuando alguien -en el molde sintáctico del castellano- dice “qué hora pio tené hína vo?”, cualquiera entiende que, más allá de la mezcla, en realidad preguntan “qué hora es”; o al revés, cuando alguien -en el molde sintáctico del Guarani- dice “nde arriero rekorei lapi de color morotî”, cualquiera sabe que en realidad eso equivale a “tú, hombre haragán (inútil) parecido al lápiz de color blanco” y en Guarani “nde, kuimba’e rekorei haiha isa’y morotîva”. Les puedo asegurar que los ejemplos mencionados son muy complicados o difíciles de comprender para un extranjero o para un castellano-hablante pero notablemente ambos casos resultan expresiones comunes y fáciles de entender (“pan comido”) para el paraguayo. Notablemente y en el afán de anular al Guarani, de a poco se metió en la cabeza de mucha gente que en el Paraguay solamente hablamos Castellano y Jopará porque el Guarani es muy difícil luego; sin embargo, cuando escuchamos el castellano de la gente podemos percibir que también se trata un simple y llano Jopara del Castellano; en otra palabras, la gente cree que habla en Castellano cuando dice “venína”, “decíleke”, “de gua’u nomáko te dije”, “te vía llevar en tu casa”, “vopa le llevaste”, “yo nio no sabía lóo”, “vo taén pio te vas a ir” y otras varias perlitas y perlotas más. Queda claro que así como existe el Guarani Jopara también existe el Castellano Jopara. A ley pareja nadie se queja. Esto también ayuda a entender porqué los paraguayos somos individuos con un marcado conflicto lingüístico. En síntesis, hablamos mal nuestros dos idiomas porque nunca se nos enseñó bien o correctamente ninguna de las dos y por esa razón llegamos a la mezcla o jehe’a. Esta es también la razón por la cual el Estado debe promover la correcta enseñanza de nuestros dos idiomas oficiales.

 

El Guarani y el castellano como transmisores de cultura y otras peculiaridades culturales

Eso que terminé de exponer hasta el párrafo anterior es con respecto al Guarani y al castellano como idiomas pero por la otra parte, y como decíamos más arriba, ambos idiomas son a la vez transmisores de dos culturas, la nativa y la del conquistador; donde, por ejemplo, la cultura Guarani se destaca por el “vivir para ser” y la otra por el “vivir para tener”. Asimismo, el Guarani vive el ahora y el hoy, y la cultura del conquistador se caracterizó y se carateriza por la planificación del porvenir y da como un hecho seguro la concresión del nuevo día o mañana. Sobre el punto, el Dr. Romero Sanabria aborda en uno de sus títulos el sentido de la palabra ko’êrô que no quiere decir literalmente mañana. En realidad quiere decir si amanece. En la cosmovisión Guarani solamente existe el tiempo actual y el futuro no pasa de ser apenas una posibilidad.

 

Y así como se mezclan las dos lenguas también se entremezclan las dos culturas con sus significados que únicamente pueden ser interpretados por el paraguayo. En efecto, solamente nosotros somos capaces de descifrar, por ejemplo. el significado cultural de la expresión ”partido so’o”, que dicho sea de paso también es uno de los temas abordados por el Dr. Anibal Romero Sanabria en este su libro Más paraguayo que la mandioca. Dificilmente que un extranjero o extraño al mundo del paraguayo pueda entender qué es lo que significa “partido so’o” ya que aquí la palabra “partido” no quiere decir “mitad o intersección” sino que significa “fútbol, balompié”; en tanto que “so’o” no quiere decir literalmente “carne” sin que significa “sin reglas, no supeditado a la ley, libre”. Demás está decir que “partido” es una palabra castellana y que “so’o” es una palabra de origen Guarani. Dos palabras, dos idiomas, dos culturas pero una sola persona que las entiende en un todo: el paraguayo.

 

Cabe señalar también que el yo Guarani del paraguayo observa y trata de interpretar su entorno, su hábitat, la naturaleza; en tanto que, el yo español del paraguayo observa y vive la realidad del mundo, la suba o baja del dólar, los problemas energéticos, la globalización, etc. En este sentido, llama la atención que los ñe’ênga o refranes populares reflejan mucho más del yo Guarani que del yo Español; lo que equivale a decir que al paraguayo no le calienta mucho la amplia gama de problemas de la modernidad y que están más allá de las fronteras. El prefiere entretenerse y conocer los misterios de su entorno natural. Un ñe’ênga que nos permitirá verificar lo señalado es aquel que dice “Arriéro molde vai kururu ñembo’y”. Esta es una sentencia basada en la realidad, en otras palabras, el paraguayito vió al sapo parado (cuestión no común ni natural), vió la facha poco agradable del batracio y luego lo comparó y lo aplicó a su rapicha o semejante de parecidas características o fisonomía. Llamativamente, mientras el resto del mundo vive absorbido por los grandes problemas globales, el paraguayo -desconectado y despreocuado del resto del mundo- se dedica a mirar al sapo, tomándose todo el tiempo del mundo, hasta que, por fín, lo ve parado y aprovechar para compararlo con alguien de su entorno.

 

Entre las otras peculiaridades culturales, que yo incluí en un test del paraguayo que había elaborado un tiempo atrás; están las siguientes que nos pintan de “cuerpo entero”:

1.- A la pregunta cual es tu nombre, el paraguayito habitualmente responde… chépio.

2.- En lugar de decir mi amigo, el paraguayo dice che irû o bien che dúki, che kíli, che kape, socio, arma o mi cuate; y en plural, lo perro.

3.- El paraguayo en lugar de novia tiene una pendeja o una yiyi.

4.- Rara veces dice niño o nene, normalmente dice mitâ’i.

5.- En lugar de cerveza toma leche o ñoño o un poderoso jagua hû.

6.- Nunca está borracho o ebrio pero sí está tuichaite tatáre, tuichaite ýre o tuichaite lembúre.

7.- Cuando algo es muy bonito o muy lindo dice iporâ koko o cuando es muy feo dice ivai con tekaka.

8.- Le cuesta decir hidrocefalia, gastroenteritis, orzuelo, forúnculo, hepatitis o pediculosis, en lugar de los mismos dice ohéo, kambyrujere, topepireko, susu’a, py’aruru o píke.

9.- En el café con leche o cocido introduce un pancito o una galleta entera y hace kururu.

10.- En lugar de pasta dental usa kolino y en vez de hoja de afeitar usa yilé.

11.- En vez de sentir hambre tiene un vare’a jefe.

12.- En vez de comer sandwich de jamón y queso prefiere un sanguis de empanada o una tortillita con mandioca como terere rupa.

13.- En lugar de beber en una fiesta dice que chupa en una farra.

14.- En vez de excitarse, se calienta.

15.- En vez de protestar, se plaguea.

16.- En lugar de responder dice héê.

17.- Cuando algo le asombra dice “ndiii” o “ndeee” o “e’a”.

18.- En vez de decir “¡cuidado!” grita “cháke”.

19.- Él no dice disparates sino macanadas.

20.- Cuando se enojás en lugar de increparle a alguien le muestra el dedo del medio y diciéndole ¡na’ápe!, y encima -para asegurar- le grita jagua to’u nde bola

21.- Al loco o tarado le dice tilingo, tolongo, tavyrón o i-juicio-ŷva.

22.- El le da a alguien un túke, un nambíro, un pécho ro’o, un saplé, un akâpete o un soberano jurupete.

23.- Cuando no sabe el nombre de alguien le dice chera’a, ma’êrâ, leka, proesor o doytor.

24.- En vez de mal aliento tiene jurune y en lugar de una dispepsia tiene un punga nde áva.

25.- Modernamente, en lugar de tener un facebook simplemente tiene un feibu.

 

En fín, todo lo expuesto y otras varias cuestiones nos demuestran que -definitivamente- el paraguayo es especial, singularísimo, distinto e irrepetible, y confirman y refuerzan todos los registros que el Prof.Dr. Aníbal Romero Sanabria logró reunir en esta su extraordinaria y valiosa obra Más paraguayo que la mandioca.

 

Con estas palabras, a modo de prólogo, también doy la bievenida a la octava edición del libro Más paraguayo que la mandioca del Dr. Anibal Romero Sanabria.

 

 

 

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