JOSÉ ANTONIO PERASSO – LA CIENCIA, LA MEMORIA Y EL OLVIDO

ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI

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David Galeano Olivera

 

LA CIENCIA, LA MEMORIA Y EL OLVIDO

Por Angel Luis Carmona – Suplemento Cultural ABC Color – 4-12-2011

Leer original (hacer clic) en: http://cafehistoria.ning.com/profiles/blogs/jos-antonio-perasso-la-…

            El libro “José Antonio Perasso: arqueología y etnografía”, editado con el respaldo del Fondec, pretende rescatar del olvido algunos de los trabajos más difíciles de conseguir del brillante arqueólogo y antropólogo prematuramente fallecido. La edición del libro es el producto de la colaboración de su familia y un grupo de personas con las que tuve el honor de trabajar, y que consideran esta publicación apenas un peldaño en el rescate de su obra científica y de divulgación, la mayoría de la cual está hoy agotada e inclusive es difícil de encontrar en bibliotecas.

 

 

La mitología griega, con su pasmosa habilidad para encontrar metáforas adecuadas y que no han perdido su justeza con el paso de los siglos, hizo a Nemosine, diosa de la memoria, madre de las musas, deidades que representaban y patrocinaban las ciencias y las artes.

 

Si la Memoria (con mayúscula) es, por así decir, llevando a sus últimas consecuencias la metáfora mitológica, la madre del conocimiento, el Olvido (también con mayúscula) debe ser el padre de la ignorancia. La ciencia se construye acumulando saberes a través de la memoria. La ignorancia se consolida dejando languidecer y perderse los aportes de los investigadores a través del olvido.

 

La monumental obra de José Antonio Perasso está siendo atacada por el olvido. Hoy por hoy, pocas librerías tienen algún ejemplar de algunas de sus obras disponible para ser adquirido y en pocas bibliotecas se consigue uno o dos de sus trabajos publicados en libros y mucho menos de sus también abundantes materiales periodísticos de divulgación.

 

Es obvio que publicar textos de ciencia, siempre valorados y adquiridos por un público limitado, no es un buen negocio; los márgenes de beneficios son pequeños, en el mejor de los casos, y la mayoría de las veces se empata o se pierde. Así, ocurre que nuestra sociedad, que se llama a sí misma, con injustificada pedantería, “del conocimiento”, pero debiera llamarse del “mercadeo”, empuja con facilidad hacia el olvido los esforzados aportes de los investigadores científicos, promoviendo en realidad la ignorancia y no el conocimiento.

 

“Decime de qué presumes y te diré de qué careces” podría resumirse esta situación cada vez más grave en todo el mundo, pero sobre todo en países que, como Paraguay, tienen pocos incentivos para dedicarse a la ciencia y presupuestos para investigación que serían de risa, si no fuera porque dan ganas de llorar.

 

La obra antropológica y etnográfica de Perasso tiene un gran valor científico, pero más valor aún tienen sus trabajos arqueológicos, porque a fin de cuentas hay en el país muchas personas trabajando mucho y bien en etnografía; en cambio, la investigación arqueológica es tan escasa que son esenciales y casi se podrían considerar únicos sus aportes.

 

Dejar perder ese legado de conocimiento resultaría especialmente grave, porque si algo demuestran vívidamente las investigaciones, los ensayos y los artículos de José Antonio es que la antropología no habla exclusivamente de “los otros”, de distantes e incomprensibles etnias sin relación con nuestro mundo, aunque vivan en el mismo espacio geográfico, sino de nosotros, de nuestra sociedad como sincretismo.

 

La arqueología tampoco habla exclusivamente del pasado, de culturas y restos materiales perdidos en un pasado definitivamente clausurado, sino del bagaje de influencias y hechos que han configurado la actualidad. La mejor arqueología –y esa es la que practicaba José Antonio– es la que, al hacer hablar a las piedras del pasado, escucha simultáneamente el eco que persiste en el presente.

 

La obra de José Antonio Perasso puede y debe ser rescatada no solo como homenaje a un trabajador incansable, a un científico serio hasta la exageración y cuidadoso hasta la obsesión, que llevó adelante su labor con poco apoyo, poco presupuesto y menos respaldo institucional, a fuerza de voluntad. La obra de José Antonio debe ser rescatada sobre todo por respeto a nosotros mismos y para evitar que –volviendo a la mitología griega y sus metáforas– los científicos de hoy y de mañana no tengan, como Sísifo, que subir por la montaña del conocimiento siempre la misma piedra que, una vez en la cima, vuelve a caer al llano por efecto de la eficaz fuerza de gravedad del olvido, que mantiene a la sociedad anclada a la ignorancia.

 

Ojalá se pueda reeditar en libros accesibles y dignos no solo este materia, que ya vio nuevamente la luz de la memoria, sino toda su obra, amenazada por la sombra del olvido. Se lo debemos a José Antonio, pero sobre todo nos lo debemos a nosotros mismos.

 

 

Leer original en (http://www.abc.com.py/2011/12/04/nota/la-ciencia-la-memoria-y-el-ol…).

 

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