BANDA PETÉKE-PETÉKE: SONIDOS ANCESTRALES

ATENEO DE LENGUA Y
CULTURA GUARANI

Maitei horyvéva opavavépe

David Galeano Olivera


 


BANDA
PETEKE-PETEKE: SONIDOS ANCESTRALES

Por Javier Yubi (publicado en ABC Color – Revista –
12/12/2010)

Leer el original (hacer clic) en: http://www.abc.com.py/nota/sonidos-ancestrales/

 

En la
compañía Guajayvity de Yaguarón viven los integrantes de la Banda Peteke-Peteke. De vida sencilla y
rústica, estos músicos populares son herederos de una antigua expresión
instrumental surgida en los pueblos paraguayos fundados en los siglos XVII y
XVIII. Hoy, su arte ancestral está considerado uno de los últimos en su género.

A cinco
kilómetros del centro de Yaguarón se ubica la compañía  Guajayvity, donde
la vida rural todavía es palpable. Hay casas levantadas con troncos de madera,
adobe crudo y paja (kapi’i). Abundan los animales domésticos y los niños. Se
vive en comunidad, sin cercas ni alambrados.




Llegar a
Guajayvity en un día lluvioso es algo diferente. Del ramal empedrado que une
Yaguarón con Pirayú, al costado de la Escuela Catalina de Cáceres hay que
entrar un kilómetro por camino de tierra colorada que al mojarse se vuelve muy
resbaloso. Sin embargo, el cielo plateado potencia las tonalidades verdes de la
tupida vegetación que suelta aromas del bosque.

El olor
a coco fresco recuerda la llegada de diciembre, tiempo de pesebres. Entre
gallinas, patos y el infaltable perro, en el fogón de la cocina las llamas
apuran un sabroso puchero que en la mesa humeará al mediodía. En este ambiente
sencillo, sin prisas ni ambiciones, vive la familia Garay, la que da vida a la
Banda Peteke-Peteke. Y es don Gumercindo Garay, nacido en Guajayvity el 13 de
enero de 1933, el último sobreviviente de los músicos que conformaban
Peteke-Peteke, allá por el año 1957, cuando él se incorporó a la edad de 24.
“Yo me fui al cuartel en Concepción, terminé mi servicio militar en 1952 y
volví aquí a mi casa. En ese tiempo, andaba detrás de los que tocaban y miraba
cómo lo hacían. Por ahí me dijeron si quería entrar al grupo, me entusiasmé y
aprendí a tocar la caja (peteke). Ahora soy el jefe”, comenta en guaraní el
anfitrión.

Dos años
antes de hacerse músico, en 1955, don Gumercindo se casó con Estefana Matilde
Guanes, nacida también en Guajayvity, el 26 de diciembre de 1935. La pareja
trajo al mundo ocho hijos que crecieron viendo al padre ejecutar instrumentos.
Y solo con observar, también aprendieron a tocar. Con la desaparición física de
los viejos integrantes, se fueron incorporando y ahora el grupo es netamente
familiar. A don Gumercindo le acompañan su hijo Doroteo (43) y sus nietos, los
hermanos Florentino (31), y Salvador Rojas Garay (22).

Doroteo
ejecuta la caja, Florentino toca el mimby (flauta) y Salvador maneja el
gualambáu (arco sonoro). De vez en cuando, para actuaciones importantes, se
suman Lorenzo y Cecilio, otro hijo y otro nieto del director de la banda. Ambos
no se dedican en forma permanente por cuestiones laborales que cumplen en
Asunción. “Solo los que estamos acá nos vamos a actuar cuando nos llaman.
Tampoco hay tantos pedidos hoy día”, agrega don Gumercindo.

Sus
presentaciones clásicas se dan el 3 de febrero en la fiesta de San Blas, en la
compañía Caaguazú de Itá; el 16 de agosto en la celebración de San Roque, que
según la tradición oral del lugar fue el primer santo patrón de Yaguarón, y el
primer domingo de setiembre, para acompañar la procesión del kurusu San Roque
hasta su oratorio del kilómetro 52. “Algunos festivales folclóricos nos suelen
invitar y con gusto vamos a tocar”,  aporta Doroteo. Al igual que su padre
y sus sobrinos músicos, Doroteo se dedica a la agricultura. Cultiva mandioca,
maní, maíz, poroto y tomate en la tierra que les pertenece. “Es solamente para
consumo casero”, señala con una sonrisa.

Hace
ocho años, él y su esposa Enriqueta Guanes (42) decidieron casarse para
formalizar la relación que iniciaron mucho antes. La casa de troncos de madera,
adobe crudo y paja que Doroteo va levantando “despacito” da cobijo a seis de
los siete hijos de la pareja, pues Pedro Javier, el mayor había muerto al año y
siete meses. Quedan Fabiana Vidalina, de 16; Sergio de 15; Víctor Ramón, de 13;
Francisco Daniel, de 8; Julia Noemí, de 4, y Nancy Elizabeth, de 2. Engrosa la
familia, David, el pequeño de 2 añitos, hijo de un primo de Enriqueta. “Todos
cuando alcanzan la edad ya van a la escuela”, hace saber la madre.
Despreocupados de los rigores de la vida, los niños retozan a sus anchas por
esos campos embellecidos por los yuyos que crecen vigorosos y dan coloridas
flores. Sonríen con natural espontaneidad y curiosean detrás de los mayores.
Francisco Daniel se mantiene atento a todo lo que hace y dice su padre, porque
él ya avisó que quiere ser parte de la banda. “Me gusta la música”, dice sin
ocultar su infantil timidez.

De
repertorio meramente instrumental, Peteke-Peteke es, a decir del antropólogo
Guillermo Mito Sequera, “uno de los rarísimos grupos populares casi en
extinción en el Paraguay”. Pero sus integrantes lo toman con reflexiva
naturalidad. “Nosotros no estudiamos, solamente aprendemos de oído. Salvador,
por ejemplo, tuvo que escuchar por horas las grabaciones que tenemos y así
practicó hasta que supo ejecutar el gualambáu”, indica don Gumercindo. Lo que
sí le preocupa al abuelo es que “los grandes ya no quieren enseñar a los
pequeños”. No hay ensayos ni instrucciones. Cada uno sabe su parte a la hora de
tocar cualquiera de los diez temas que conforman el repertorio del grupo.

“Estamos
aún a tiempo para corregir rumbos respecto a esta reliquia ancestral que
sobrevive a la indiferencia”, advierte Sequera. El investigador había realizado
colectas y registros de la tradición oral en zona de Yaguarón entre los años
1970 y 1972. Consigna en sus escritos que la Banda Peteke-Peteke, también
denominada Banda Angu’a pararã-perere, es originaria del pueblo de San
Buenaventura de Yaguarón, antigua misión franciscana fundada el 4 de noviembre
de 1622 por Fray Luis de Bolaños. “Constituye una de las expresiones originales
de nuestra música popular. El grupo está constituido por músicos populares no
profesionales, campesinos originarios de la compañía Guajayvity”.

Sobre
los instrumentos utilizados por los integrantes de Peteke-Peteke, Mito Sequera
hace la siguiente clasificación: “Aerófonos: o instrumentos de viento. El turú
hecho en cuerno de ganado vacuno. Instrumento utilizado en épocas anteriores
como signo comunicativo entre comunidades distantes en diversas manifestaciones
correspondientes al calendario agrícola o religioso de la localidad (ahora en
desuso). Por el otro, los Mimby de la Peteke denotan, por el número de
agujeros, una influencia europea”.

Elementos
cordófonos: “El gualambáu, antiguo cordófono utilizado en rituales mágicos
indígenas, está formado por una cuerda tendida de un bastón flexible de 1, 20
centímetros. La cuerda es percutada o excitada por un palito. El sonido del
mismo es amplificado, en este caso, por una calabaza (hy’a) fijada sobre el
bastón. El gualambáu o arco musical adquiere dos funciones según la improvisación
del ejecutante: una rítmica ternaria, otra melódico-rítmica con la utilización
de intervalos agudos-graves sobre la cuerda debido a la presión del arco”.

Instrumentos
percusivos: “Lo tambores o los angu’a pararã son cajas cilíndricas de madera
recubierta de pieles de animales en sus extremidades. La parte superior de la
piel (hova) o ‘piel de batería’ sobre la cual es golpeada. La parte inferior o
‘piel de timbre’ posee una cuerda tensa a la cual está inserta un palito de
madera cuya función es la de vibrar sobre la piel. Las pieles son presionadas
sobre dos círculos de madera agujereadas en diferentes puntos de manera a
asegurar los tirantes en cuero que tienden las pieles y permiten según el nivel
de presión obtener un sonido más agudo. Los tambores son golpeados con un par
de palos de madera”.

Estas
explicaciones están registradas en un folleto que acompaña el CD de la Banda
Peteke-Peteke, grabado en el año 2004 con apoyo del Fondec (Fondo Nacional de
la Cultura y las Artes). El material sonoro contiene relatos, entrevistas y
diversos toques característicos de la agrupación musical. “Explicación que
refiere de manera significativa la representación colectiva y sonora de la
historia paraguaya, bajo el choque de dos corrientes culturales opuestas: la
indígena y la europea. Experiencia  original e irreemplazable, placer y
emoción profunda de conocimiento de lo que fuimos y lo que somos”, concluye
Guillermo Sequera.   

Conformación
anterior. En 1971, la Banda Peteke-Peteke estaba integrada por siete músicos.
De ellos apenas uno queda vivo en la actualidad: Manuel Colmán (turú), Simón
Portillo (1er. mimby), Gumercindo Garay (2º. mimby), Ramón Rodríguez (1er.
angu’a), Memesio Paredes (2º. angu’a), Bernardo Guanes (3er. Angu’a) y Juan
Gregorio Aguayo (gualambáu).

Yaguarón.
Se ubica a 48 kilómetros de Asunción, por ruta asfaltada N° 1 Mariscal
Francisco Solano López. La localidad es afamada por la iglesia de San
Buenaventura que fue construida por los franciscanos en el siglo XVII y
conserva en su interior maravillosas obras del estilo barroco. En el lugar
existe también un atractivo museo que guarda objetos coloniales pertenecientes
a la familia del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia.

Temas
principales. Los toques clásicos del grupo son: Cacique Jaguarú, Tapera kamby,
San Roque, Procesión, Guarambaré, Chirikóte, Achuita, Campamento Cerro León,
Che Vallemi  Yaguarón, San Francisco Solano y Kurusu San Roque.

 

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